Investigación y conservación

A lo largo de los tiempos, la basílica ha sido objeto de estudio e investigación y esto ha permitido seguir avanzando en su conocimiento y divulgación.

Orígenes de la investigación

El Puigcardener, donde se encuentra la Seu, es un importante yacimiento arqueológico, cuna de la ciudad de Manresa. Su conocimiento comienza a raíz de las excavaciones realizadas en 1915. El descubrimiento accidental de varios restos arqueológicos (cerámicas, tumbas y materiales diversos) con motivo de las obras de cimentación de la nueva fachada neogótica de poniente corroboró el interés arqueológico del lugar y demostró una ocupación ininterrumpida desde los siglos VI-IV aC.

El rector Josep Guitart se hizo cargo de la dirección de las excavaciones, si bien los materiales no fueron estudiados detalladamente ni identificados correctamente. Tiempo después tenemos constancia de alguna descubierta puntual de carácter accidental.

Excavaciones modernas

Durante los años sesenta y setenta se comenzó un trabajo de limpieza y exploración en la zona del claustro, especialmente de las arcadas que sostienen el porche románico.

Poco después, los Amigos de la Seu y los Amigos del Arte Románico siguieron investigando los muros indicativos de las características del templo románico. En 1981 Miguel Cura y Enric Sanmartí estudiaron las vasijas de importación griega e itálica y corroboraron la existencia de un poblado íbero. A continuación, el estudio del material continuó y así Antoni Daura y Joan Galobart en publicaron más muestras (1982-1985). Todo este conjunto fue revisado por Eduard Sánchez en su tesis de licenciatura, editada en 1987. Un año antes (1986), bajo la dirección de Antoni Daura y Eduard Sánchez se realizaron varios sondeos por todo el Puigcardener de cara a evaluar sus características generales.Esto aportó más materiales y el descubrimiento de una parte de la necrópolis, ya conocida previamente. En el contexto de la intervención restauradora del área del claustro, empujada por los Amigos de la Seu y financiada por la Generalitat de Cataluña (1989-1992), aparecieron nuevos elementos que han ayudado a conocer las vicisitudes históricas de este punto. Destacan varios enterramientos y los restos de un horno de reverberación para bronce, donde se fundió una campana. Estos trabajos fueron comenzados por Antoni Caballé, Josep Pujades y Marta Sancho en una primera fase, y por Eduard Sánchez en una segunda, centrada sobre todo en el subsuelo de la capilla de los Favets. Finalmente hay que mencionar el trabajo en el exterior de la Seu previa a la remodelación del parque, dirigida por David Olivares, de Arqueociència que dio lugar al descubrimiento de algunos testigos de hábitat medieval.

Necrópolis

En el entorno inmediato de la Seu y en su subsuelo hay constancia de numerosos enterramientos. Los más antiguos corresponden al periodo tardo-romano. Son una veintena de tumbas que se pueden fechar entre finales del siglo III y principios del VI. Tipológicamente las más antiguas son hechas con teja romana plana (teja), curvadas a las juntas (imbrex) y de sección triangular. De esta forma hay también de losas. A partir del siglo VII se generaliza la caja rectangular de losas o cista que llega hasta el siglo XIV. Estas últimas son las más numerosas. También debemos mencionar el hallazgo de alguna sepultura antropomorfa excavada en la roca natural. El punto donde hay una estratigrafía más completa de los enterramientos es bajo la capilla de los Favets, con muestras de la alta edad media y llegando hasta el siglo XIX.

De las más antiguas destacan unas fosas revestidas de losas de características antropomórficas. Lluís Guerrero ha realizado el análisis antropológico de este conjunto en el que destaca el estudio de una mujer de época medieval con signos evidentes de patologías y con una punta de flecha empotrada en la pierna, que le ocasionó la muerte. También hay que mencionar las cámaras sepulcrales que se encuentran bajo la nave principal, así como unos bonitos vasos funerarios y sarcófagos colgados en las paredes de la zona del ábside. Destaca la del caballero Bernat de Manresa, la de una señora del linaje Calders y los osarios de la familia Saera. Junto al baptisterio se encuentra el sepulcro del canónigo Mulet, del siglo XVIII.